ALEJANDRA PIZARNIK (ARGENTINA 1936-1972)

AlejandraPizarnik[1]

Poeta nacida en Buenos Aires, el 29 de Abril de 1936, en una familia de inmigrantes judíos de Europa Oriental. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y, mas tarde, pintura con Juan Batlle Planas. Entre 1960 y 1964, Pizarnik vivió en París donde trabajó para la revista -Cuadernos- y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Luego de su retorno a Buenos Aires, Pizarnik publicó tres de sus principales volúmenes, Los trabajos y las noches, Extracción de la piedra de locura y El infierno musical, así como su trabajo en prosa La condesa sangrienta. En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright. El 25 de septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, Pizarnik murió de una sobredosis intencional de seconal.  © epdlp

FUENTE: http://www.epdlp.com

 

ese instante pizarnik cigarro fumando

CANTORA NOCTURNA,DE EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA

La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad. Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta.

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SORTILEGIOS,DE EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA

Y las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi dolor insumidas en mi soplo, agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más interno de mi nuca, las madres de rojo que me aspiran el único calor que me doy con mi corazón que apenas pudo nunca latir, a mí que siempre tuve que aprender sola cómo se hace para beber y comer y respirar y a mí que nadie me enseño a llorar y nadie me enseñará ni siquiera las grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración con babas rojizas y velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré

y ahora vienen a beber de mí luego de haber matado al rey que flota en el río y mueve los ojos y sonríe pero está muerto y cuando alguien está muerto, muerto está por más que sonría y las grandes, las trágicas damas de rojo han matado al que se va río abajo y yo me quedo como rehén en perpetua posesión. “

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LA JAULA,DE LAS AVENTURAS PERDIDAS

Afuera hay sol. No es más que un sol pero los hombres lo miran y después cantan.

Yo no sé del sol. Yo sé de la melodía del ángel y el sermón caliente del último viento. Sé gritar hasta el alba cuando la muerte se posa desnuda en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre. Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad bailan conmigo. Yo oculto clavos para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol. Yo me visto de cenizas.”

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SALVACIÓN DE LA ÚLTIMA INOCENCIA

Se fuga la isla Y la muchacha vuelve a escalar el viento

y a descubrir la muerte del pájaro profeta Ahora es el fuego sometido Ahora es la carne la hoja la piedra

perdidos en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilación que purifica la caída de la noche Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía. “

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EL DESPERTAR,DE LAS AVENTURAS PERDIDAS

Señor La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado

y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios

Qué haré con el miedo Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones queman palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos

Señor El aire me castiga el ser Detrás del aire hay monstruos que beben de mi sangre

Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada.

Señor Tengo veinte años

También mis ojos tienen veinte años y sin embargo no dicen nada

Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar donde un gran barco me esperaría con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual

Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde

Señor Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos

Señor La jaula se ha vuelto pájaro y ha devorado mis esperanzas

Señor La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo. “

pizarnik y cortazar

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Miguel Delibes.Biografía Literaria

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ABUELOS DE DELIBES

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Si el elemento capital de la literatura urdida por Delibes deviene en la silueta del ser humano que encuadra sus contradicciones con el progreso y con la finitud de la existencia, hemos de subrayar a modo de epígrafe los versos que Jorge Guillén le dedicó, pues en ellos queda acotado ese perfil del escritor vallisoletano, de recia complexión ética:

Admiremos al hombre auténtico de veras,                     Que sabe organizar su vivir y sus libros,                     Muy al tanto de todo, sin inclinarse a nada,                     Porque son tan ajenas          Al manantial continuo de gran inspiración;           Auténtico vivir cuajado en escritura           Límpida, magistral, y así tan convincente,                     Un arte narrativo que recrea                     Campo y Ciudad, sus luces y sus ideas,                     Profundos los paisajes minuciosos,                     Vegetaciones, hombres, animales,                     En medio el cazador.

(Jorge Guillén; cit. por Manuel Alvar,             El mundo novelesco de Miguel Delibes,          Madrid, Editorial Gredos, 1987, p. 114).

Fotografía en color de Miguel Delibes con boina, apoyado en una paredMiguel Delibes.

Al hilo de todo ello, es obvio         que para esclarecer las relaciones de este cazador con las letras   conviene         interpolar detalles de orden biográfico.

Siguiendo a   cierra ojos el currículo, copiamos      la fecha de su nacimiento —17 de octubre de 1920— y ésta nos sirve   para      discutir, sin extendernos en exceso, el marco generacional que más   le conviene. A caballo      entre la generación de 1936 y la de 1950, dice Edgar Pauk que   «Miguel Delibes equidista      de [Camilo José] Cela y [Juan] Goytisolo, y participa de algunas           características de ambos, pero se mantiene independiente de los   grupos           que ambos representan, de tal modo que no es reconocido ni por   el uno ni           por el otro»              (Miguel Delibes. Desarrollo de un escritor, Madrid,               Editorial Gredos, 1975, p. 16). Como nunca escaparemos de la   contradictoria               variedad que son los corrillos y grupos literarios, más vale   etiquetar               por libre al novelista castellano. Afín a la teoría   individualista,               éste rehúye la significación colectiva y exige un trato   personal,               restringido, pues ni siquiera en la vida cotidiana gusta de   las camarillas.

«La hurañía —explica el   narrador—           es algo que me ha caracterizado desde niño. Pero me parece que   debo hacer           una distinción: sí me gusta reunirme con la gente y conversar.   Lo que           no me gusta es conversar con la gente a codazos. A mí me agradan   los espacios           abiertos, me gusta la naturaleza, y también me alegra conversar   con mis           semejantes uno a uno, dos a dos, o tres a tres, pero no más»   («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», entrevista por   Joaquín Soler           Serrano, Escritores a fondo. Entrevistas con las grandes   figuras literarias           de nuestro tiempo, Barcelona, Editorial Planeta, 1986, p. 17). Así,           pues, conviene precisar los argumentos sin caer en los planos   generales,           o peor, en los tópicos de grupo. Y si hablamos de estirpe en el   terreno           artístico, habrá que someterla a la línea familiar. De hecho, el   abuelo           paterno, Frédéric Delibes Roux, posee un rasgo muy significativo   al respecto.           «Mi abuelo —dice Delibes— había sido un hombre muy raro, también             huraño y retraído como yo, quizá más huraño y retraído que yo. Y   no sabemos           muchas cosas de él. La única, que era sobrino del compositor Léo   Delibes,           y a veces yo me pregunto si esta herencia, o querencia literaria   y artística           que he recibido, provendrá de este tío-abuelo francés, porque   realmente           en mi ascendencia española no encuentro antecedente» («Miguel   Delibes.           Un castellano de tierra adentro», op. cit., p. 18). Según   consta en los           registros, monsieur Frédéric casó con Saturnina Cortés, y   el matrimonio           acabó afincándose en Valladolid. El hijo de ambos, Adolfo,   contrajo a           su vez matrimonio con María Setién, y fruto de ese enlace   nacieron ocho           hijos, el tercero de los cuales fue don Miguel.

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Analizado   en los               elementos que lo componen, hay en el        itinerario vital del escritor un curioso cruce de casualidades que lo        conducen al quehacer literario. Tras cursar estudios en el colegio de        La Salle y sufrir en su ánimo               juvenil los estragos        de la Guerra Civil, el joven Delibes toma los manuales de Derecho y Comercio        con el propósito de labrarse   un futuro               gracias        a tales conocimientos. Por un cauce inesperado, ingresa en 1941 como        caricaturista en El Norte de Castilla, pero, como               él        mismo repetirá más adelante, la mano del destino es   imprevisible,        y su afición a las letras cobra impulso en el citado   periódico: «En        la vida había escrito más que dos docenas de cartas.          Entonces tuve que soltar la pluma para redactar los sucesos, las necrológicas…         lo que se hacía en un periódico de provincias. Pero al         propio tiempo, y aunque parezca complicado de entender, el estudio del libro               de don Joaquín Garrigues, Curso de Derecho Mercantil, me puso               en contacto con la literatura». Acá surge la pregunta: ¿Un   manual               destinado a los opositores puede excitar el gusto por la   narrativa?               El propio escritor aporta una contestación: «No es algo tan   difícil               de comprender si pensamos que don Joaquín Garrigues, el   mercantilista,               era un orteguiano: un hombre que se había criado a los   pechos de Ortega,               lo había admirado mucho y su estilo tenía mucho de   orteguiano. Era               éste un estilo preciso, brillante, que de repente, aun   tratando de               materias tan áridas, se iluminaba con una metáfora   rutilante». Una               forma de escribir como ésta, sobre ello no hay duda,   encandila al               joven estudiante: «Ya no me bastaba una forma cualquiera:   buscaba               una apropiada, que además fuese lo más precisa y brillante   posible.               De manera que, entre don Joaquín Garrigues, El Norte de   Castilla y mi mujer [Ángeles de Castro], quien era muy aficionada a   los libros,               lograron que naciese mi afición a la literatura» (Entrevista   registrada               en vídeo, Serie Autores españoles contemporáneos, Centro de               las Letras Españolas, Ministerio de Cultura, 1987).

Fotografía en blanco y negro de Miguel Delibes detrás de una mujer sentada en un columpioCon su esposa Ángeles.

En 1946 se casa               con Ángeles, y animado en todo momento por ella, hilvana su   primera               entrega novelesca, La sombra del ciprés es alargada, con la               cual ganará el premio Nadal e iniciará su trayecto   profesional en               este campo, gracias asimismo al decidido apoyo del editor   Vergés.               Al tiempo, gana las oposiciones para las cuales había estado   preparándose,               y para mayor tranquilidad de los suyos, consigue plaza como   catedrático               de Derecho Mercantil en la vallisoletana Escuela de   Comercio. En paralelo,               sube en el escalafón periodístico, y de redactor pasa a   ocupar el               puesto de subdirector de El Norte de Castilla. Eso   ocurre en               1952. Seis años después, ya es director. Ni que decir tiene   que su               labor, aunque fructuosa, es complicada, sobre todo a la hora   de sortear               los interdictos de la censura. Su posición a favor de los   sectores               sociales más desfavorecidos no le facilita las cosas.

Aparte de acoger a   jóvenes colaboradores           como César Alonso de los Ríos, José Jiménez Lozano, Francisco   Umbral o           Manu Leguineche, Delibes caracteriza a la cabecera vallisoletana   con un           toque de rebeldía. Una muestra de ello es la página que lleva   por título Castilla en escombros, a través de la cual se denuncia la   mala           situación de los campesinos castellanos. No obstante, y a pesar   de tales           esfuerzos, llega un momento en que el director se ve obligado a   dimitir.           Corre el año 1963. «Hay que recordar —escribe el propio César   Alonso           de los Ríos— que a la promulgación de la Ley de Prensa de 1966,   le           precedió una limpieza del mercado. […] Entre estas víctimas   anteriores           a la ley de apertura está el propio Delibes, como director de El   Norte           de Castilla. Fueron tiempos dolorosos para Delibes, no ya   por razones           económicas o de prestigio profesional. Ello significaba un parón   en la           línea de El Norte de Castilla y enfrentamientos con   algunos de           los consejeros de la empresa, personas con las que mantenía   estrechas           relaciones personales. A Delibes le irritaba especialmente esta   situación           en la que la censura debía ser asumida por el propio director»   («Delibes:           periodismo y testimonio», en Miguel Delibes. Premio Letras   Españolas           1991, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del   Libro y           Bibliotecas, Centro de las Letras Españolas, 1993, p. 109).

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Forzosamente alejado de la   vanguardia      periodística, su trayectoria como novelista le permite difundir su   filosofía vital por      otros medios. No en vano, es ya un autor reconocido gracias a   títulos como El camino (1950), Mi idolatrado hijo Sisí (1953), Diario de un   cazador (1955) y La      hoja roja (1959). Con esa trayectoria a sus espaldas, se propone   denunciar en Las      ratas (1962) la penosa situación en que viven muchos de sus   paisanos. El punto de      tangencia entre ese escrito y la literatura social es, a ojos de   cierta crítica, algo      evidente. Sin embargo, la obra toma otros caminos que, dentro de la   literatura hispánica      de estas fechas, resultan francamente originales. A saber: el   registro etnográfico      —plasmado, por ejemplo, en el vislumbre del habla popular—, la   descripción casi      científica de la naturaleza, la defensa de la integridad del medio y   del hombre que lo      habita, y por añadidura, una reflexión moral nada complaciente   acerca de la pobre suerte      que les está reservada a los humillados. Bien puede repetirse que   dos temarios añaden      profundidad a la contemplación realista: las inquietudes de la   niñez, muy al unísono      con lo expuesto en otras de sus obras, y un sondeo fecundo,   vigoroso, de materias como la      muerte, el afán de dominio y la violencia.

Por otro lado, tras   diversos viajes por Europa e      Iberoamérica y una estancia como profesor visitante en la   Universidad de Maryland, el      escritor publica varios libros de viajes, muy celebrados por el   público lector. «Uno,      claro es —escribe Delibes—, dispone también de su personal           procedimiento de pasear por el mundo. Ignora si bueno o malo,   pero es,           sin objeción posible, el que mejor se acomoda a su manera de   ser. Uno,           por principio, trata siempre de eludir en sus paseos un plan           preconcebido. Los paseos sistematizados, a juicio del que               suscribe, suelen esterilizarse entre las mallas asfixiantes   del programa» (Por esos mundos. Sudamérica con escala en las Canarias, Barcelona,               Ediciones Destino, col. Áncora y Delfín, n.º 203, 1961, p.   7). Curiosamente,               aunque emprende el reflejo narrativo de esos itinerarios, el   escritor               prefiere limitar la escenografía de sus novelas a los   límites de los               pueblos y las pequeñas ciudades. Por lo que a esa contextura   literaria               se refiere, «la vida en una gran ciudad —dice— no me es               tan familiar como la vida en una pequeña ciudad. Por otro   lado, pienso               que en una pequeña ciudad, lo que el novelista tiene es un   laboratorio               mucho más eficaz que en una gran ciudad, para separar a las   personas,               y estudiarlas más a fondo de lo que se pueden estudiar en   Madrid.               Para calar un poco en la humanidad de mis personajes, que   para mí               es esencial» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra   adentro», op. cit., p. 23).

Fotografía en blanco y negro de un hombre con boina y un joven detrás.Fotograma de Los santos inocentes, Mario Camus, 1983, Juan Sánchez y Alfredo Landa.

Un sustancioso   capítulo de la literatura           de Miguel Delibes lo componen aquellas obras cuya trama enmarca   una profunda           caracterización de los rasgos que prevalecen en la España de la   primera           mitad del siglo xx. Por esta vía, un vivo   sentido           del drama hispánico es la fuerza vinculatoria que une, más allá   de sus           particularidades y aun sin mezclar sus temas, entregas como Cinco   horas           con Mario (1966), Las guerras de nuestros antepasados (1975), El disputado voto del señor Cayo (1978) y Los santos   inocentes (1981).

Sin un propósito partidista, el narrador diagnostica en ellas           varias patologías de triste recuento: la persistente memoria de   la guerra,           la estructura oligárquica de la vida campesina, el torpe avance   del progreso,           la pérdida de una genuina sabiduría popular, el abandono de la   tierra,           y por supuesto, los daños causados a la naturaleza. No en vano,   Delibes           proclama su gusto por un antiquísimo deporte, la caza, a través   del cual           se ha ido formando un claro concepto de la fragilidad que   caracteriza nuestro entorno. A modo de digresión, no está de más   repetir que este cazador que escribe mide sus pasiones con la escopeta al   hombro,           y en ello descubre gozos, inquietudes e incluso finezas del   espíritu.           Ante una actividad que goza de tan altísimo aprecio para él, no   duda en           señalar que «el hombre-cazador o el hombre-pescador, que tanto   monta,           sale al campo, no sólo a darse un baño de primitivismo, sino   también a           competir, a comprobar si sus reflejos, sus músculos y sus   nervios están           a punto, y para ello, nada como cotejarlos con los reflejos, los   músculos           y los nervios de animales tan difidentes y escurridizos como   pueden serlo           una trucha o una perdiz silvestres» (He dicho, Barcelona,   Destino, 1996, pp. 40-41).

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RETRATO

Elegido miembro               de la Real Academia el 1 de febrero de 1973, lee su discurso   de ingreso               el 25 de mayo de 1975. El significativo título de esa   alocución es El sentido del progreso desde mi obra. Dicha   inquietud no es               nueva en Delibes. «Así, en 1972 —refiere Fernando Parra—,               anticipándose al famoso hito de la Conferencia de Estocolmo   sobre               el Medio Ambiente Humano […] publicó La caza en España en                 la que advertía sobre los peligros del deterioro ecológico   en nuestro               país, tanto en relación a la desaparición de hábitats y   ecosistemas               valiosos […] como a la extinción de especies, como el   urogallo,               o los peligros para la fauna —cinegética y no tanto— de               los cambios de la agricultura con la creciente mecanización,    aumento del regadío, abonos, etc.» («Delibes al aire libre: Un   ecologista               de primera hora», en Miguel Delibes. Premio Letras   Españolas 1991, op. cit., p. 88).

Aun sin paliar el dolor que le causa la desaparición de su esposa Ángeles, el público y la crítica salen al encuentro de Delibes, festejan sus virtudes literarias, y lo que es más importante, premian la sostenida coherencia de su ideario personal: humanista, libre de pensamiento y ejemplo de virtudes ciudadanas, gracias sin duda a cierta fermentación del mejor liberalismo. «Para mí —escribe César Alonso de los Ríos— Delibes ha sido trascendental. Y no sólo porque me orientó hacia el periodismo, sino porque me enseñó el difícil ejercicio de dudar y de saber reconocer las razones del otro. Un liberalismo radical que nada tiene que ver con el dogmatismo del liberalismo económico y político. Aprendí en él, antes que en Gramsci, que hay que ser pesimistas de inteligencia y optimistas de voluntad. Delibes ha sido para mí una referencia ética» («Miguel Delibes», Premios Cervantes. Una literatura en dos   continentes, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del Libro y   Bibliotecas, 1994, p. 338).

Fotografía en blanco y negro de Miguel Delibes con un ave en las manos.Miguel Delibes.

Dentro   de estas consideraciones, el elogio      generalizado se aprecia bien a la hora de llegar a manos de Delibes   los galardones de      mayor enjundia: el Príncipe de Asturias (1982), el Premio de las   Letras Españolas (1991)      y el Cervantes (1993). Menudean los tratados y monografías en torno a   su obra, los      cineastas codician los derechos de adaptación de sus novelas y las   ventas de todas ellas      exigen nuevas reimpresiones. No extraña, por todo ello, que la   última entrega novelesca      del escritor, El hereje (1998), sobrepase las perspectivas de   sus           editores. De hecho, esta magnífica expresión del conflicto             religioso del siglo               XVI, meditada profundamente, rica en             ingredientes morales y plasmada con una riqueza de estilo que   reúne lo             mejor del temperamento del autor, daba a entender que los   límites de su             obra completa aún no se habían cerrado y admitían una gozosa   dilatación.

En el principio de esta   página aludíamos, con      Jorge Guillén, al manantial continuo de gran inspiración que   caracteriza la      literatura de nuestro escritor. Aunque quizá resulte siempre   arbitrario el ejercicio de      rastrear las fuentes de una inspiración semejante, vamos a cerrar   este inventario      biográfico aludiendo a los literatos que han ido moldeando la   personalidad literaria de      Miguel Delibes. Como él mismo dice, en todo escritor influyen   aquellos autores que      anteriormente leyó. Sus primeras lecturas, como era imaginable en un   niño de la época,      llevan la firma nada trivial de los cuentistas nórdicos, con   Perrault y el admirable      Andersen a la cabeza. Luego, «viene una desconexión con estos   autores infantiles, y paso      a una época en que me empezaron a gustar los novelistas de   horizontes abiertos, como eran      Oliver Curwood y Zane Grey». O dicho de otro modo, peripecias en la   frontera americana,      lances de cazadores y tramperos, hazañas de buscadores de oro y   otros viajes al fondo de      lo desconocido que también formula, singularmente en su ciclo   canadiense, el prolífico      Emilio Salgari, «el novelista del puro disparate aventurero, pero   que también llenó una      época de mi vida».

No deja de ser   significativa esa           insistencia en invenciones relacionadas con la naturaleza   salvaje y sus           asperezas. «Esto es lo que estimo que hay de particular en mí   —confirma—:           esa atracción por el novelista de aire libre por encima del   novelista           de imaginación. Luego, aunque tardía, llega la lectura de   grandes maestros.           Ya no sé ni en que orden se efectuaron estas lecturas. Sí puedo   decir           que me ha gustado mucho Julien Green, el americano afrancesado.   También           me siguen interesando mucho Proust, Dostoyevski, Chejov,   Virginia Woolf           —a pesar de su complejidad expositiva— y otros autores   americanos           e italianos. He leído prácticamente de todo, sin olvidar los   clásicos           españoles» (Entrevista registrada en vídeo, op. cit.). Y   el resultado de           esa fruición, a la vista está, rige en toda su obra. Por razones   obvias,           este perfil de lector es necesariamente parcial, pero incita a   un sondeo           más hondo. Con todo, los detalles que hemos apuntado bastan para   sugerir           una inteligencia literaria bien sólida y ordenada, cuyas leyes   corresponden           a ese vínculo que Borges atribuyó a Tolstoi: el conocimiento del   hombre           conjugado con la perfección literaria.

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ÁLVARO CUNQUEIRO.GALICIA,ESPAÑA 1911-1981

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Escritor español nacido en Galicia, Álvaro Cunqueiro (1911-1981)      ejerció en gallego y en castellano el periodismo y las artes literarias en sus más  variadas formas: fue poeta, novelista, dramaturgo, guionista… Premio Nadal en 1968 por su novela El hombre que se parecía a Orestes, es, sin duda, uno de los mejores  cultivadores del realismo fantástico en España.

FUENTE: http://cvc.cervantes.es

 

Con este espacio, el Centro Virtual Cervantes desea rendir un homenaje a la obra de Álvaro Cunqueiro, uno de los más grandes escritores en las lenguas española y gallega, que dejó tras sí una dilatada obra, plagada de los más recónditos saberes y erudiciones

Alvaro Cunqueiro
Alvaro Cunqueiro (Photo credit: Biita)

Alvaro Cunqueiro (Photo credit: Biita)

El legado literario de Álvaro Cunqueiro, uno de los grandes fabuladores del  siglo XX, se detiene con idéntica fortuna en todos los géneros con un portentoso empleo de la palabra, bien en gallego, bien en castellano, que enriquece hasta límites insospechados ambas literaturas.

Extraordinario    poeta desde su juventud, precursor del realismo mágico en sus grandes obras narrativas y    creador de uno de los textos dramáticos más importantes del teatro gallego, Cunqueiro  fue, además, un notable articulista. Su influencia en las nuevas generaciones literarias no ha dejado de crecer.

Cunqueiro mira á catedral de Mondoñedo
Cunqueiro mira á catedral de Mondoñedo (Photo credit: xornalcerto)

Cunqueiro mira á catedral de Mondoñedo (Photo credit: xornalcerto)

Álvaro Cunqueiro forma parte, con otros poetas tan destacados como  Iglesia Alvariño o Carballo Calero, de lo que cabe identificar como Grupo de la República, esto es, conjunto de escritores (e intelectuales y artistas) que  abre su manifestación entre 1930-1936. De hecho, en coincidencia de razón cronológica y  estética con la generación vanguardista (Manuel Antonio, Amado Carballo, M. L. Acuña,  Bouza-Brey, Pimentel, A. Casas), la que verdaderamente trae, con impulso de ruptura, los  signos de la modernidad a la lírica gallega, de modo que ese grupo apuntado —roto,    luego, por la guerra civil— se presenta como una segunda comunidad de edad de la citada generación, y, a su vez, se caracteriza por su carácter «cumulativo»¸ quiere decirse que confirma —y hasta intensifica— las líneas de modernidad    abiertas por los mayores, o ramas fundamentales de la lírica de tradición simbolista.

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English: school Italiano: scuola (Photo credit: Wikipedia)

English: school Italiano: scuola (Photo credit: Wikipedia)

En  ese cuadro o marco, pues, la obra poética cunqueiriana aparece marcada por tres muy  evidentes rasgos caracterizadores. En primer término, por su brevedad (como la de  Manuel Antonio, Amado Carballo, Bouza o Pimentel), pues su corpus —a la espera  de recolección de textos dispersos o inéditos— se reduce a cinco libros en gallego  (y uno en castellano).

PimentelPimentel (Photo credit: Alberto Arévalo)

Veinte años después de su muerte y Cunqueiro forma parte ya, sin duda, del  siempre controvertido canon de la cultura occidental «á beira dos modernos  fabuladores universais: Lord Dunsany, Borges, Italo Calvino, e outros mestres na arte de soñar a realidade»*.  La superación, desde mediados de la década de los sesenta —pero, sobre todo, en los    setenta y ochenta— de la estética realista dominante en el discurso literario,    analizado certeramente por Sanz Villanueva, ha motivado el acercamiento crítico a un escritor que, no lo olvidemos, se había convertido ya desde los años sesenta en icono de la cultura popular gallega.

Manuel Antonio Islands Quepos Costa RicaManuel Antonio Islands Quepos Costa Rica (Photo credit: Wikipedia)

ALGUNOS POEMAS DE CUNQUEIRO

FUENTE: http://amediavoz.com

 

 

De “Mar ao Norde” 1932:

1. Este es el punto exacto… Este es el punto exacto.                                                 Aquí -entre la cuerda rota e inmóvil de las horas-                                               se para                                               cristalina                                               la rueda de la noche.

Aquí -la luna entre salas desiertas de madurez-                                               comienza                                               silenciosa                                               la rueda del alba.

* * *

2. Luz mojada le llegaba del mar…

                                                            A Ricardo Carballo Luz mojada le llegaba del mar. ¡Qué claro el tiempo para verla en la playa con presencia de cosa! ¡Qué sencilla la tarde para besarla en el pelo con caricia animal y pura! ¡Luz mojada de sus ojos llevaba el mar!

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Galego: Ricardo Carballo Calero: En torno a la...Galego: Ricardo Carballo Calero: En torno a las ideas comunistas de Platón (Photo credit: Wikipedia)

3. Parque- Final- Elegía Era era. Sus manos nacían al lado de cada cosa y de cada flor. Temíase siempre su rotura y a ella parecían converger los números y las estrellas. El amanecer encontraba sus cabellos perdidos y sus ojos depositados en sus propias orillas. La noche la sorprendía siempre entregada a sus oficios más antiguos acompasándose de un corazón nuevo y silencioso. Era solícita y tempestuosa y no se parecía en nada a la luna.

English: Ricardo Carvalho Calero Galego: Ricar...English: Ricardo Carvalho Calero Galego: Ricardo Carvalho Calero. Español: Ricardo Carballo Calero. (Photo credit: Wikipedia)

4. Puerto Sol:          Cinco ventanas colgadas          de la misma alba rosa:          vivas,                      intactas,                                        desnudas,          con anhelos de manos,          como espejos de mástiles. Sombra:           Cinco ventanas colgadas           de la misma alba turbia:           calladas,                              llanas,                                           duras,            sin afanes de presencia,            sin afanes de huida. Siempre:            Cinco ventanas: sólo.

* * *

Imaxe na casa do mago Merlín. Mondoñedo. Galicia
Imaxe na casa do mago Merlín. Mondoñedo. Galicia (Photo credit: Wikipedia)

Imaxe na casa do mago Merlín. Mondoñedo. Galicia (Photo credit: Wikipedia)

5. Sin que nadie lo supiera…

Sin que nadie lo supiera

hubo un momento puro en el que nada hubo.                                           Ahora, en la palma del agua, de la sombra el fruto del instante aquel.

* * *

6. También el mar, hoy… También el mar, hoy, tiene el alma llena de madurez. -Se le oye la adolescencia en el vidrio del aire llena de fragmentos de vísperas y de intactas navegaciones oscuras.- Así. Más allá. Ahora de la sombra: ¿No te duele el canto, -redondez tibia de beso preciso- del sol en la sombra?

* * *

7. Un muslo tibio…

Un muslo tibio: así -entreabierto- que se sienta pasar intacto y clásico: imagen                     suma breve, gozo de clara visión. Lancha. * * *

8. Ya no hay aquella simple desnudez… Ya no hay aquella simple y turbia desnudez. Tus muslos ya no huelen a canciones agrestes. Tus manos ya no tientan la risa curva y acre. Como si hubiese pleno oscuro.

* * *

9. Yo no la vi nacer… Yo no la vi nacer. Me la dieron porque yo ya lo sabía: ¡qué blanca! ¡qué bien!                                  ¡qué niña más bien plantada! De surtidores de luz la compraban vientos claros. Me la dieron porque yo ya lo sabía: Si era lado del mar seco de serenidades,                                           azul,                                                     rosa,                                                               lirio, ¡columpio de piedra dura! De “Mar ao norde” 1932 Versión de Vicente Araguas

Beatrice Child Villiers (1880-1970), wife of E...Beatrice Child Villiers (1880-1970), wife of Edward Plunkett, 18th Baron Dunsany (Photo credit: Wikipedia)

De “Poemas do si non” 1933: Tr. de Vicente Araguas

Ella: Poema 1 Sabían los cerezos el secreto de sus oídos llenos del verde puro de la acústica de las ventanas y los  jardines se llamaban por el nombre de las palomas que bebían agua en sus surtidores. Ella comenzaba a andar. En cada ojo le había nacido una trasmigración de palomillas, y al marcharse dejaba vocales fuertes en su sitio. Ella tenía nombre de pastor.

***

Galego: Lugo, Álvaro Cunqueiro
Galego: Lugo, Álvaro Cunqueiro (Photo credit: Wikipedia)

Galego: Lugo, Álvaro Cunqueiro (Photo credit: Wikipedia)

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ALFONSINA STORNI (1892-1938)

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ALFONSINA STORNI

Alfonsina Storni (1892-1938) es considerada una de las voces femeninas más potentes de la poesía en lengua española de las primeras décadas del siglo XX. Su vinculación con el Modernismo, en medio de la euforia vanguardista que se apoderaba de los jóvenes poetas argentinos de su tiempo, hizo que se le diera menos importancia de la que merecía, pese a la notoriedad que alcanzó en su propio país y en el mundo hispánico en general. Esta excepcional mujer, capaz de desafiar los asfixiantes convencionalismos sociales, fue un ejemplo de coraje por su manera de asumir su ser femenino en absoluta y a veces desgarradora soledad.

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De las heridas y de la incomprensión padecidas por Alfonsina Storni emerge la fuerza de su voz, la cadencia de unos versos que pueden ser grito de protesta, canto a la vida, amor a la naturaleza, o reivindicación del derecho de la mujer a convertirse en sujeto del deseo, en una tentativa de conquistar la libertad para decidir su destino. El Centro Virtual Cervantes quiere rendirle un homenaje con este monográfico que ofrece testimonio de su vida y de su obra, superando la leyenda del suicidio que en ocasiones ha sido un obstáculo para un íntimo acercamiento a su poética.

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ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS

A finales del siglo XIX el matrimonio formado por Alfonso Storni y Paulina Martignoni, ambos de nacionalidad suiza, se unió a la ola de inmigrantes europeos que por ese entonces emigraban a la Argentina en busca de un futuro prometedor. Se instalaron en la ciudad de San Juan y allí nacieron sus dos primeros hijos. Sin embargo, en 1890 decidieron regresar a su país natal y se asentaron en un pequeño pueblo llamado Sala Capriasca, ubicado en la Suiza italiana. Allí nació Alfonsina, el 29 de mayo de 1892. Cuatro años después, la familia decidió viajar de nuevo a San Juan donde residirá hasta 1900, año en que se trasladó a la ciudad de Rosario en busca de nuevas oportunidades.

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Alfonsina creció en un ambiente de estrechez económica y por ello, cerca de los once años, tuvo que abandonar sus estudios y ayudar a su madre que trabajaba como modista para compensar la falta de recursos causada, en gran medida, por la inestabilidad laboral y emocional de Alfonso Storni. En 1906, cuando muere su padre, Alfonsina entra a trabajar como aprendiza en una fábrica de gorras. Más adelante comienza a trabajar en el teatro y llega a formar parte de la compañía del actor español José Tallaví. De esta forma, desde muy joven adquiere conciencia de que debe trabajar duro para ganarse el pan. Sin embargo, no la abandona su deseo de estudiar y en 1909 se matricula en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda, donde también ocupa el cargo de celadora. Al año siguiente obtiene el título de maestra rural e inicia sus prácticas en la ciudad de Rosario.

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En esta época empieza a publicar sus primeros poemas en revistas  locales pero muy pronto, cuando le faltan pocos meses para cumplir los veinte años, abandona Rosario y toma el tren rumbo a Buenos Aires: embarazada de un hombre casado y veinticuatro años mayor que ella, está decidida a empezar de nuevo en la capital argentina. Desde ese momento  hasta su muerte, afrontará la vida como madre soltera pasando por alto los prejuicios morales de una sociedad hipócrita y estrecha.

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CRONOLOGÍA

1892-1915: periodo que comprende su infancia, los trabajos que realizó desde los once años para contribuir a los gastos del hogar, sus incursiones como actriz en una compañía de teatro, sus comienzos en la docencia como maestra rural, la relación con el padre de su hijo, su traslado a Buenos Aires para afrontar la vida como madre soltera, los primeros trabajos en la ciudad y los nuevos amigos y, por último, sus primeras colaboraciones en revistas y periódicos.

1916-1926: publicación de La inquietud del rosal, su primer poemario, al que siguen El dulce daño, Irremediablemente, Languidez, Ocre y Poemas de amor, todos de tendencia modernista y matices románticos y en los que sobresalen aspectos autobiográficos. Este periodo también incluye sus actividades en el medio docente y literario bonaerense, en los cuales se consolida como maestra y poeta, convirtiéndose en la primera mujer que participa con regularidad en los cenáculos de escritores argentinos.

1927-1938: se inicia con su bautizo como dramaturga y     con la puesta en escena de su obra teatral El amo del mundo; le siguen sus dos viajes a Europa, en 1930 y 1932, respectivamente; el giro estético que vive su obra poética, que pasa de una influencia modernista a una tendencia vanguardista y experimental, y, finalmente, el diagnóstico de una enfermedad mortal y la profunda desazón de los últimos meses que la lleva a optar por el suicidio.

Alfonsina Storni. (Fotografía extraída del sit...
Alfonsina Storni. (Fotografía extraída del sitio oficial de Ariel Ramírez.) lfonsina Storni. Extracted photography of the official site of Ariel Ramirez. (Photo credit: Wikipedia)

Alfonsina Storni. (Fotografía extraída del sitio oficial de Ariel Ramírez.) lfonsina Storni. Extracted photography of the official site of Ariel Ramirez. (Photo credit: Wikipedia)

ACERCA DE STORNI

También los cantantes, llegados a tierra poética, actúan a menudo bajo la opaca iluminación de la pena. Un dolor que, por ejemplo, se hace verso en un disco imponente, Mujeres Argentinas (1969), donde la gran Mercedes Sosa interpela al espectro de Alfonsina Storni. ¿Recuerdan la letra?: «Sabe Dios qué angustia te acompañó / qué dolores viejos calló tu voz / para recostarte arrullada en el canto / de las caracolas marinas / la canción que canta en el fondo oscuro del mar / la caracola. / Te vas Alfonsina con tu soledad / ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?».

Español: El antiguo edificio del Colegio Nacio...Español: El antiguo edificio del Colegio Nacional de Buenos Aires, construido por los jesuitas en el siglo XVIII. Fue demolido para la construcción de la sede actual, comenzada en 1910 y terminada en 1938, proyectada por Norbert Maillart. (Photo credit: Wikipedia)

ALFONSINA EL MAR Y LA MUERTE

Esta imagen del mar como un pudridero líquido en el que algún día nos tendremos que sumir será constante en la vida y la obra de Alfonsina, y aparecerá de forma reiterada en sus escritos, como puede verse en su poema en prosa «Diario de navegación» en el que narra las impresiones que le causó su encuentro con el mar no visto ya desde la orilla, sino sentido con toda su fuerza y poderío como tripulante del barco que la llevó de Montevideo a España en un viaje en que buscaba curarse de la angustia existencial que la acosaba:

El mar, desencontrado, se niega al barco, y forma grandes pozos verdinegros. Están hechos de ojos ahogados, transparentes, acuosos, suplicantes, teñidos de algas oscuras, estriadas de espumas hirvientes, epilépticas.

No puedo apartar los ojos de aquellos profundos valles marinos. Comprendo el origen de la vida. Desearía bajar al fondo del mar. Bajar con los ojos abiertos, caminar libre por sus cavernas, respirar su masa.

San Juan from spaceSan Juan from space (Photo credit: Wikipedia)

ALGUNOS POEMAS

Al oído…

Si quieres besarme…..besa -yo comparto tus antojos-. Mas no hagas mi boca presa.. bésame quedo en los ojos.

No me hables de los hechizos de tus besos en el cuello… están celosos mis rizos, acaríciame el cabello.

Para tu mimo oportuno, si tus ojos son palabras, me darán, uno por uno, los pensamientos que labras.

Pon tu mano entre las mías… temblarán como un canario y oiremos las sinfonías de algún amor milenario.

Esta es una noche muerta bajo la techumbre astral. Está callada la huerta como en un sueño letal.

Tiene un matiz de alabastro y un misterio de pagoda. ¡Mira la luz de aquel astro! ¡la tengo en el alma toda!

Silencio…silencio…¡calla! Hasta el agua corre apenas, bajo su verde pantalla se aquieta casi la arena…

¡Oh! ¡qué perfume tan fino! ¡No beses mis labios rojos! En la noche de platino bésame quedo en los ojos…

 

Así

Hice el libro así: Gimiendo, llorando, soñando, ay de mí.

Mariposa triste, leona cruel, Di luces y sombra todo en una vez. Cuando fui leona nunca recordé Cómo pude un día mariposa ser. Cuando mariposa jamás me pensé Que pudiera un día zarpar o morder.

Encogida a ratos y a saltos después Sangraron mi vida y a sangre maté. Sé que, ya paloma, pesado ciprés. O mata florida, lloré y más lloré. Ya probando sales, ya probando miel, Los ojos lloraron a más no poder. Da entonces lo mismo, que lo he visto bien, Ser rosa o espina, ser néctar o hiel.

Así voy a curvas con mi mala sed Podando jardines de todo jaez.

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JORGE LUIS BORGES

Stippled Borges
Stippled Borges (Photo credit: Wikipedia)

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Español: escritor argentino jorge luis borges
Español: escritor argentino jorge luis borges (Photo credit: Wikipedia)

Español: escritor argentino jorge luis borges (Photo credit: Wikipedia)

Jorge Luis Borges, escritor argentino
Jorge Luis Borges, escritor argentino (Photo credit: Wikipedia)

Jorge Luis Borges, escritor argentino (Photo credit: Wikipedia)

JORGE LUIS BORGES

El jueves 24 de agosto de 1899 nace Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo en Buenos Aires. Su árbol genealógico lo entronca con ilustres familias argentinas que tomaron parte activa en la independencia de su país.

Uno de ellos, Francisco Narciso de Laprida,preside el congreso de Tucumán y firma el acta de independencia. Muere asesinado por los montoneros de Aldao y Borges le dedica en 1943 su Poema conjetural.

FUENTE: http://grandespoetasfamosos.blogspot.com.es

 

Jorge Luís Borges 1951
Jorge Luís Borges 1951 (Photo credit: Wikipedia)

Jorge Luís Borges 1951 (Photo credit: Wikipedia)

Allí ya se advierte esa tensión entre el fuego de las armas y el álgebra de las letras. Entre un hombre de libros y leyes y los gauchos bárbaros, quienes lo cercan con «el duro hierro». Ya con «el íntimo cuchillo en la    garganta» descubre «Un júbilo secreto. / Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano». Surge también allí el recurrente tema del laberinto y la convicción    borgiana acerca de cómo todos los pasos que da el hombre sobre la tierra resultan vagamente inexplicables y como envueltos en el elusivo ropaje del sueño.

Español: Iglesia San Miguel "Quién como D...Español: Iglesia San Miguel “Quién como Dios?”, ubicada en Maracaibo, Venezuela. (Photo credit: Wikipedia)

Salvo en el momento de la muerte, cuando todo se aclara, ofreciéndonos la clave eludida hasta el momento. «La letra que faltaba, la perfecta / forma que supo Dios desde el principio». Las dubitaciones del azar y de la libertad aparente se cierran con ese «mi insospechado rostro eterno».

Atardecer Isla del CarmenAtardecer Isla del Carmen (Photo credit: Jaime GF)

Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse Trescientas noches como trescientas paredes, Y el mar será una magia entre nosotros. No habrá sino recuerdos. Oh tardes merecidas por la pena, Noches esperanzadas de mirarte, Campos de mi camino, firmamento Que estoy viendo y perdiendo. Definitiva como un mármol Entristecerá tu ausencia otras tardes.

Campos de Madridejos - NorteCampos de Madridejos – Norte (Photo credit: JOSE-MARIA MORENO GARCIA = FOTOGRAFO HUMANISTA)

Despertar

Entra la luz y asciendo torpemente De los sueños al sueño compartido Y las cosas recobran su debido Y esperado lugar y en el presente Converge abrumador y vasto el vago Ayer: las seculares migraciones Del pájaro y del hombre, las legiones Que el hierro destrozó, Roma y Cartago. Vuelve también la cotidiana historia: Mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte. ¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte, Me deparara un tiempo sin memoria De mi nombre y de todo lo que he sido! ¡Ah, si en esa mañana hubiera olvido!

Tarde en el Inírida -Pseudo HDRTarde en el Inírida -Pseudo HDR (Photo credit: donsabas)

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La Hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, La vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó El áspero norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, Las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven Amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche Intemporal, el sabor del sueño? Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz Del ave, ya se han oscurecido los que miran por la ventana, pero la Sombra no ha traído la paz. Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la Memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos que cercan las hordas. (Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Quién como túQuién como tú (Photo credit: Wikipedia)

El cómplice

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos. Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta. Me engañan y yo debo ser la mentira. Me incendian y yo debo ser el infierno. Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo. Mi alimento es todas las cosas. El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo. Debo justificar lo que me hiere. No importa mi ventura o mi desventura. Soy el poeta.

S.A. Tovar y Borges en Atenas 1974S.A. Tovar y Borges en Atenas 1974 (Photo credit: Wikipedia)

El laberinto

No habrá nunca una puerta. Estás adentro Y el alcázar abarca el universo Y no tiene ni anverso ni reverso Ni externo muro ni secreto centro. No esperes que el rigor de tu camino Que tercamente se bifurca en otro, Tendrá fin. Es de hierro tu destino Como tu juez. No aguardes la embestida Del toro que es un hombre y cuya extraña Forma plural da horror a la maraña De interminable piedra entretejida. No existe. Nada esperes. Ni siquiera En el negro crepúsculo la fiera.

Uno PortUno Port (Photo credit: mctrent)

El mar

Antes que el sueño (o el terror) tejiera Mitologías y cosmogonías, Antes que el tiempo se acuñara en días, El mar, el siempre mar, ya estaba y era. ¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento Y antiguo ser que roe los pilares De la tierra y es uno y muchos mares Y abismo y resplandor y azar y viento? Quien lo mira lo ve por vez primera, Siempre. Con el asombro que las cosas Elementales dejan, las hermosas Tardes, la luna, el fuego de una hoguera. ¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día Ulterior que sucede a la agonía.

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BENEDICTO XVI – JOSEPH RATZINGER – (ALEMANIA,1927)

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Papa (2005-2013), elegido sucesor de Juan Pablo II. Sus primeros mensajes como pontífice se dirigieron a pedir la unidad de los cristianos. Nació con el nombre de Joseph Ratzinger en Marktl am Inn (Baviera). El padre, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera. Pasó la adolescencia en Traunstein, y fue llamado en los últimos meses de la II Guerra Mundial a los servicios auxiliares antiaéreos alemanes.

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Ordenado sacerdote en 1951, desarrolló posteriormente una intensa actividad docente (durante la cual fue profesor de Teología en las universidades de Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona) y participó en las distintas sesiones del Concilio Vaticano II. En 1977 (durante el pontificado de Pablo VI) fue consagrado obispo, arzobispo de Munich y cardenal, y en 1982 (ya iniciado el de Juan Pablo II) se convirtió en prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, desde donde ejerció una notable influencia como principal asesor del pontífice polaco.

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Su labor en este puesto fue tildada de rígida y excesivamente conservadora, a pesar de las posiciones aperturistas que Raztinger había expresado, dos décadas antes, en el Concilio Vaticano II. También fue presidente de la comisión que redactó el nuevo Catecismo de la Iglesia católica, aprobado el 11 de octubre de 1992. De su prolífica obra escrita (dedicada a la Iglesia, a la eucaristía y a las relaciones entre la teología y el magisterio eclesiástico, y en la que ha insistido en el tema de la racionalidad de la fe como cuestión crucial de nuestra época) destacan Introducción al cristianismo (1968) y Fe y futuro (1970), además de Dogma y revelación (1973), antología de ensayos, predicaciones y reflexiones. En 1985 publicó Informe sobre la fe y en 1996 La sal de la tierra.

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Benedicto XVI resultó elegido el papa número 265 de la Iglesia Católica en el segundo día de un cónclave inusitadamente breve. Si su papel en los funerales de Juan Pablo II fue unánimemente elogiado, sus palabras durante la misa que dio inicio al cónclave secreto, en la que cargó duramente contra las “modas del pensamiento” que imponen la “dictadura del relativismo” y amenazan al catolicismo (“el marxismo, el liberalismo, el libertinaje, el colectivismo, el individualismo radical, el ateísmo” y el “vago misticismo religioso”), recibieron diversa acogida por su cerrada ortodoxia. Su rápida designación fue interpretada como una decisión continuista para asegurar un firme mando durante la transición entre el papado estelar de Juan Pablo II y los posibles cambios que esta institución pueda experimentar en el siglo XXI. Sus primeros mensajes estuvieron destinados a pedir la unidad entre todos los cristianos. En cuanto a la elección de su nombre, explicó haberlo hecho en homenaje al papa Benedicto XV, “un valiente y auténtico profeta de la paz“. El 28 de febrero de 2013 se retiró y asumió el título de papa emérito, con la intención de dedicarse a la oración y el retiro espiritual.  © M.E.

FUENTE:  http://www.epdlp.com

Papa Juan Pablo II en Cali Colombia
Papa Juan Pablo II en Cali Colombia (Photo credit: Wikipedia)

Papa Juan Pablo II en Cali Colombia (Photo credit: Wikipedia)

Cover of
Cover of Juan Pablo II

Cover of Juan Pablo II

Español: escudo de armas del papa Juan Pablo II
Español: escudo de armas del papa Juan Pablo II (Photo credit: Wikipedia)

Español: escudo de armas del papa Juan Pablo II (Photo credit: Wikipedia)

Juan Pablo Duarte Nueva York
Juan Pablo Duarte Nueva York (Photo credit: Remolacha.net pics)

Juan Pablo Duarte Nueva York (Photo credit: Remolacha.net pics)

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RAFAEL ALBERTI (ESPAÑA,1902-1999)

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Nacido en Puerto de Santa María (Cádiz). Inicialmente se dedicó a la pintura. Se trasladó a Madrid con su familia, consiguió el Premio Nacional de Literatura, en 1925, por el primer libro que publicó, Marinero en tierra. Se trata de una obra de un refinado popularismo donde universaliza el mar, que llega a ser un mito. En 1926 apareció La amante, relato poético de un viaje en automóvil, al que sigue un nuevo libro de poemas, El alba del alhelí, al año siguiente. Las tres obras se inscriben dentro de la tradición de los poetas anónimos del Romancero y Garcilaso de la Vega, aunque con una sensibilidad de poeta vanguardista. En 1929 tuvo lugar un cambio importante en su poesía, cuando publicó Cal y canto, influido por Luis de Góngora y el ultraísmo. También de ese mismo año es Sobre los ángeles. Considerada su obra maestra, es una alegoría surrealista en la que los ángeles representan fuerzas dentro del mundo real. Producto de una intensa crisis personal relacionada con lo que el propio poeta califica de “amor imposible” y los “celos más rabiosos”, contiene imágenes que suponen altas cumbres poéticas. Sus tonos apocalípticos se prolongaron en Sermones y moradas (1930). La tendencia surrealista, que llevaba a Alberti a introducir asuntos personales en el ámbito de las cuestiones históricas, supuso en él una inclinación hacia el anarquismo, como demuestra su elegía Con los zapatos puestos tengo que morir, de 1930.

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Posteriormente se afilió al Partido Comunista español, y publicó hasta 1937 un conjunto de libros que el autor denominó El poeta en la calle, aparecidos conjuntamente en 1938. También de la misma época son sus obras de teatro, entre las que destaca Fermín Galán (1931). Posteriormente, y dentro de la misma línea de carácter surrealista y político, sus obras teatrales más conocidas son El adefesio, de 1944, y de 1956 Noche de guerra en el Museo del Prado. Con su compañera, la también escritora María Teresa León, se vio obligado a exiliarse después de la derrota de la República en la Guerra Civil española. Vivió en Argentina hasta 1962. A partir de ese año residió en Roma, y no regresó a España hasta 1977, siendo elegido diputado por la provincia de Cádiz. Obtuvo el Premio Cervantes en 1983. El poeta recoge su vida durante los años de destierro en La arboleda perdida (1959 y 1987). Entre la poesía no política de Alberti, posterior a 1939, destacan Entre el clavel y la espada, de 1941, y A la pintura, de 1948, un brillante intento de describir un arte en términos de otro. En Retornos de lo vivo lejano, de 1952, y Baladas y canciones del Paraná, libro de poemas publicado el año siguiente, incluye canciones muy cercanas a las de Marinero en tierra que ofrecen un universo nostálgico del que no está ausente la ironía. Algo que vuelve a ocurrir en el primer libro que publicó a su regreso a Europa, Roma, peligro de caminantes, de 1968. Al lado de estos poemarios, están los poemas más estrictamente políticos inspirados por las circunstancias, como las muy conocidas Coplas de Juan Panadero, de 1949, y La primavera de los pueblos, de 1961. También cabe destacar entre la copiosa y desigual producción de Alberti posterior a su regreso a España, el libro de carácter erótico publicado en 1988 Canciones para Altair.  © eMe

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A galoparLas tierras, las tierras, las tierras de España, las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, al sol y a la luna. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar! A corazón suenan, resuenan, resuenan, las tierras de España, en las herraduras. Galopa, jinete del pueblo caballo de espuma ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar! Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; que es nadie la muerte si va en tu notura. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo que la tierra es tuya. ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!

El Poder de la Palabra epdlp.com

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La arboleda perdida (fragmento)¿Por qué Italia y no Francia, en donde habíamos vivido tantas veces?, nos preguntaban muchos amigos. Porque ya, en realidad, teníamos agotado París, y Picasso, un gran señuelo sobre todo, vivía en la Costa Azul, y yo pensaba en Roma, en la que había pasado, en 1935, quince días inolvidables con Valle-Inclán, sintiéndome en Italia más cerca, más bañado de la claridad mediterránea, más próximo en espíritu a los litorales españoles, a las costas andaluzas. Después, la explayadora simpatía de gran parte del pueblo italiano y, sobre todo, aquel Alberti, mi apellido, tan ligado a las familias florentinas, al gran orgullo de saber que de ellas habían salido mis abuelos. Y después… ¡Qué sé yo! Una nueva experiencia, una nueva vida, más clara y popular, que se me iba a prolongar -esto lo supe luego- por casi quince años a las dos orillas del Tevere, el río de tantos misterios, sucio y cruzado de los más bellos puentes, desagües de cloacas, reflejado de centenarios árboles, de cúpulas, de torres, de estatuas y picoteado de voraces gaviotas hambrientas del vecino y contaminado mar Tirreno. Pero… A pesar de Italia, en la que ya me encontraba, mucho había dejado allí, en aquella América, tanto como para desear, a cada hora, en los primeros meses de lejanía, un posible retorno, una segunda vida que me hiciera compartir con aquellos pueblos tan castigados y oprimidos el logro final de sus esperanzas. Y a Roma le pedí, desde el comienzo de mi permanencia en ella, que, a pesar de su maravilla, fuese capaz de darme tanto como había dejado entre aquellas orillas de cielos inalcanzables, cosechas y caballos.

 

Rafael Alberti NocturnoCuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre se escucha que transita solamente la rabia que en los tuétanos tiembla despabilado el odio y en las médulas arde continua la venganza, las palabras entonces no sirven son palabras. Manifiestos, artículos, comentarios, discursos, humaredas perdida, neblinas estampadas, ¡que dolos de papeles que ha de barrer el viento, que tristeza de tinta que ha de borrar el agua! Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste, lo desgraciado y muerto que tiene ena garganta cuando desde el abismo de su idioma quisiera gritar que no puede por imposible, y calla. Siento esta noche heridas de muerte las palabras. “ 

 

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PamplinasDe lona y níquel, peces de las nubes, bajan al mar periódicos y cartas.  (Los carteros no creen en las sirenas ni en el vals de las olas, sí en la muerte.    Y aún hay calvas marchitas a la luna  y llorosos cabellos en los libros.  Un polisón de nieve, blanqueando las sombras, se suicida en los jardines.    ¿Qué será de mi alma, que hace tiempo bate el récord continuo de la ausencia? ¿Qué de mi corazón, que ya ni brinca,  picado ante el azar y el accidente?    Exploradme los ojos, y, perdidos,  os herirán las ansias de los náufragos,  la balumba de nortes ya difuntos,  el solo bamboleo de los mares.     Cascos de chispa y pólvora, jinetes  sin alma y sin montura entre los trigos; basílicas de escombros, levantadas trombas de fuego, sangre, cal, ceniza.    Pero también, un sol en cada brazo,  el alba aviadora, pez de oro,  sobre la frente un número, una letra,  y en el pico una carta azul, sin sello.     Nuncio -la voz, eléctrica, y la cola- del aceleramiento de los astros, del confín del amor, del estampido  de la rosa mecánica del mundo.    Sabed de mí, que dije por teléfono mi madrigal dinámico a los hombres: ¿Quién eres tú, de acero, estaño y plomo? -Un relámpago más, la nueva vida.

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DELMIRA AGUSTINI (URUGUAY,1886-1914)

DELMIRA AGUSTINI

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Escritora uruguaya; su corta vida transcurrió en Montevideo, alterada, sobre todo, por los avatares y el final dramático de su peripecia sentimental: su pasión por Enrique Reyes, el matrimonio entre ambos, la separación, el divorcio y su asesinato a manos del antiguo marido, convertido ahora en amante. Eso no impidió a la Nena, ése era el apodo familiar, desarrollar una obra poética notable, que contó con la aprobación elogiosa de sus contemporáneos. En El libro blanco (Frágil) de 1907 era evidente su deuda con los gustos y el lenguaje del modernismo, aunque algunos poemas ya trataban de conseguir una expresión lírica original, más adecuada a sus apasionadas vivencias personales. La logró en Cantos de la mañana (1910), y en Los cálices vacíos (1913), donde su erotismo conjuga con acierto el sueño y la vigilia, la pasión exaltada y el pesimismo, los sentimientos del amor y de la muerte. Algunos poemas más se recogieron en sus Obras completas, editadas en 1924 en dos tomos: El rosario de Eros y Los astros del abismo.

FUENTE: http://www.epdlp.com

 

Visión, de Los cálices vacíos¿Acaso fue en un marco de ilusión, en el profundo espejo del deseo, o fue divina y simplemente en vida que yo te vi velar mi sueño la otra noche? En mi alcoba agrandada de soledad y miedo, taciturno a mi lado apareciste como un hongo gigante, muerto y vivo, brotado en los rincones de la noche húmedos de silencio, y engrasados de sombra y soledad. Te inclinabas a mí supremamente, como a la copa de cristal de un lago sobre el mantel de fuego del desierto; te inclinabas a mí, como un enfermo de la vida a los opios infalibles y a las vendas de piedra de la Muerte; te inclinabas a mí como el creyente a la oblea de cielo de la hostia… gota de nieve con sabor de estrellas que alimenta los lirios de la Carne, chispa de Dios que estrella los espíritus. Te inclinabas a mí como el gran sauce de la Melancolía a las hondas lagunas del silencio; te inclinabas a mí de mármol del Orgullo, minada por un monstruo de tristeza, a la hermana solemne de su sombra… te inclinabas a mí como si fuera mi cuerpo la inicial de tu destino en la página oscura de mi lecho; te inclinabas a mí como al milagro de una ventana abierta al más allá ¡Y te inclinabas más que todo eso! Y era mi mirada una culebra apuntada entre zarzas de pestañas, al cisne reverente de tu cuerpo. Y era mi deseo una culebra glisando entre los riscos de la sombra ¡a la estatua de lirios de tu cuerpo! Tú te inclinabas más y más…y tanto, y tanto te inclinaste, que mis flores eróticas son dobles, y mi estrella es más grande desde entonces. Toda tu vida se imprimió en mi vida… Yo esperaba suspensa el aletazo del abrazo magnífico; un abrazo de cuatro brazos que la gloria viste de fiebre y de milagro, será un vuelo! Y pueden ser los hechizados brazos cuatro raíces de una raza nueva. Y esperaba suspensa el aletazo del abrazo magnífico… ¡y cuando te abrí los ojos como un alma, y vi que te hacías hacia atrás y te envolvías en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!  

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