JOSÉ MARÍA MEDINA ESTEBAN.UN POETA PARA EL CORAZÓN

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JOSÉ MARÍA MEDINA ESTEBAN

SORIA 23:56

29/06/2013

Versos en el reverso

Bajan y suben en toda su idiosincrasia,

Los Toros,

y su mínima expresión es  una fiesta…

humilde,valiente,que me aburre,

en demasía,por similitudes de emoción,

y me queda la alegría del verso….

…y mi intelectual actividad…crea y deshace,

dando paso a la verdadera confrontación,

de Toros,caballos y personas,

de tal cremallera y artemisa,

dada su larga pero lenta distancia

con un espacio y conocimiento,

de una realidad esperada  y sencilla;

y rica en artes,que no hay sitio para nadie.

La Calavera del Diablo
La Calavera del Diablo (Photo credit: Wikipedia)

La Calavera del Diablo (Photo credit: Wikipedia)

USOS Y ABUSOS DE UN RECICLAJE ESPECIAL

Por allí llegan los toros con su bravía

consuetudinaria al paso…

…El espíritu es especial para todos,

incluso para el poeta amamantado de madre sabía.

Cada palabra,al unísono,

cada relación universal,toda disciplina,concatenada,

yuxtapuesta,a la signatura real del mundo y universo

total y poco expuesto a relacionarse con todo y para todos.

Supuesto mimetismo mental,extranjero o por parentesco,

deja a estas fiestas en el sexto lugar de todas las que pueblan

en España y en el mundo…

………Sin ton ni son:

ni están todos los que son,

ni son todos los que son…

….El Toro sardo,un “cefalópodo” de largo rabo y,

extraordinarios miembros,todo en el es rojo y negro,

su muerte horrible…su mezcla vino y sangre,

podría en otro lugar ser idéntica,

se cocina con especias,con calderos,ollas,

hasta la última tajada,

más sangre y más vino rojo;sangre  y blanco es,

como el vestido recalcitrante del payaso ya conocido,

que nunca nos ponemos y que realmente existe.

Cuando la Sangre Galopa
Cuando la Sangre Galopa (Photo credit: Wikipedia)

Cuando la Sangre Galopa (Photo credit: Wikipedia)

Español: Otra playa de Cabo Frío donde por sus...
Español: Otra playa de Cabo Frío donde por sus olas es ideal para surfistas. (Photo credit: Wikipedia)

Español: Otra playa de Cabo Frío donde por sus olas es ideal para surfistas. (Photo credit: Wikipedia)

Punta de la Polacra desde la Cala de Los TorosPunta de la Polacra desde la Cala de Los Toros (Photo credit: ferran_casarramona)

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NO HAY NADA QUE HACER

El baile de la banda

No tardará en llegar…

….Un cumplido deseo acabo de ver…

….En la imagen y sin embargo ya espero,

vivir íntegramente,aunque  tenga que nadar

vestido,revestido por el frío,

cruzando las aguas de un río caudaloso,

mortalmente seguro de necesidad.

…Milagro en los miembros de la ciencia…

Quise jugar con el agua al cuello y los pies.

Ya imaginaba que con los zapatos puestos

de 900 pesetas,estaba más cerca del fondo,

en un abismo concatenado de agua y lodo,

más bien espeluznante…

…Llega con mis palabras sabias… a un estado,

un estilo más filosófico y clásico,

que aún desconocen los modernistas más jóvenes,

o surreealistas más mágicos y Templarios,

clásico mundo de señores religiosos…

…El clasicismo tiene un mando de llana especulación,

pero hermoso hasta en sus lineas y trazados sumidos,

cualquier forma elucubrada será elegante,diplomática,

cultural y estecista,bello,através de los tiempos

que debemos recrear y conocer completamente,

pues lo más importante queda fielmente ya sabemos…

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AQUÍ NO HAY DIFERENCIACIÓN

Sexo en Urano,

mientras urano exista,

tristes caracteres etimológicos desconocidos.

La bestia se ha ido al fondo indocumentada,

de vida conseguible,tumefacta y tumible;

estas palabras son erróneas pero con invención,

todo se entiende si uno quiere.

…Más  que si sospechara a mi espalda y…

…sola peras, de color  negro tuyo

y de crisis consensuada,

lo mismo que ir de rosa hasta en los pendientes

que descubrí en la isla de los pájaros bobos;

por que  en ella los pingüinos se hacía al frío

y a la noche siberiana,parecían humanos con….

carencias desalentadoras…

De caracter bobo,tonto o tonta es igual,

todos somos iguales.

John Hay ResidenceJohn Hay Residence (Photo credit: Cornell University Library)

Español: esta artista es mi madre, y es uan de...Español: esta artista es mi madre, y es uan de las fotos mas recientes que tenemos para compartirla con todos (Photo credit: Wikipedia)

SÓLO QUEDA EL “ESTROTUGO” “O ESTO HAY!

Al que le curan en la calle,el que escupe a los okupas,con acierto,

y voto en su poder….Hecha la Tierra que hay que echar,

para hacer cemento y argamasa  de este planeta,

que debe soportar y soporta otros 5000 millones de años.

PECHOS O TESTÍCULOS DE BARRO

Una grafía llena de tierra y oro que,

se convierte en lodo,

de arcilla blanca,

que la hace todavía más rara o imposible,

si se mancha o puede tener vida…

Si la vida ya se sabe!…si por Ende se sabe.

Español: Grupo escultórico del Cristo de la Sa...Español: Grupo escultórico del Cristo de la Sangre. Es obra de Juan Gonzalez Moreno para el Paso Blanco de Huércal-Overa. Año 1967 (Photo credit: Wikipedia)

SI TRATO O NO TRATO

De desconsolados versos:

La gente reconoce mis  movimientos  de órbita y mente

privilegiada…en exceso o en defecto,

llego al punto angelical de niños de los pantanos,

de padres cazadores,

que siempre mantendrán,

el agua,nieve y lluvia,además de nieve y mucho frío…

….Cuando la sangre corre caliente en nuestro cuerpo,

en reposo,en la cama,cuando duermen en la noche,

del invierno,son degradaciones,

si es posible,confío en la temperatura corporal que,

mantenemos normalmente los humanos,y

nos hace dormir,con tantas ilusiones,

tantos pecados y deseos por resolver,tantos

sueños,enigmas tan difíciles incluso para el hombre…

llenos de esperanza como las estrellas,Sol y luna

lo más bello que nos ilumina el Universo.

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LITERATURA FRANCESA,VIVIERON LA 2ª GUERRA MUNDIAL

Brive-la-Gaillarde

Brive-la-Gaillarde (Photo credit: Wikipedia)

English: The courtyard of Mission San Luis Rey...
English: The courtyard of Mission San Luis Rey de Francia, with the first pepper tree Schinus molle planted in California (1830) behind the arch. (Photo credit: Wikipedia)

English: The courtyard of Mission San Luis Rey de Francia, with the first pepper tree Schinus molle planted in California (1830) behind the arch. (Photo credit: Wikipedia)

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JACQUES DE BOURBON BUSSET (FRANCIA,1912-2001)

FUENTE :  http://www.epdlp.com/literatura.php

 

Escritor francés nacido en París. Miembro de la Academia Francesa, ferviente cristiano, fue autor de una notable obra literaria en la que adoptó como único nombre su egregio apellido, le gustaba definirse como un campesino apasionado de la metafísica. Era descendiente, por línea paterna, deSan Luis Rey de Francia, de Juan sin Miedo y deCésar Borgia, y por parte de su madre del célebre astrólogo y matemático Laplace. Tuvo la suerte de compartir estudios con Georges Pompidou, Roger Caillois y Simone Weil. Pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial como prisionero alemán. De Gaulle le nombró en 1944 presidente de la Cruz Roja francesa. Ese mismo año se casó con Laurence Ballande, alrededor de la cual giraría su creación literaria. Prueba de ello es su Le Livre de Laurence, diez volúmenes dedicados a su mujer y descritos por la crítica como un epitalamio perpetuo a su mayor gloria. Vinculó su actividad política al europeísmo y fue director del gabinete de Robert Schuman cuando éste era ministro de Exteriores en 1948. En 1957 ganó el premio de novela de la Academia Francesa por Le Silence et la Joie y en 1981 ocupó en la Academia Francesa el sillón que en su día correspondió a su antepasado Louis de Bourbon-Condé.  © Ramón Pérez-Maura

TEXTOS :

Le silence et la joie (fragmento)

“ Perdóname, Françoise, no dejo de respirar por ti, ésa es mi vida. Siento que todo depende de las próximas semanas. Tengo treinta y cinco años y ya pasó la edad de alimentar falsas esperanzas.
En el transcurso de estos años he respetado tu duelo. Luego, hace un mes, logré comprender que siempre te he amado. Parecía que te avergonzara, pero no huiste de mí. Y cuando evoqué el recuerdo de Henri, tú no respondiste. Yo sé cuánto le amabas y cuánto he sufrido. Jamás, te lo juro, si te conviertes en mi esposa, trataré de socavar el amor que sentías por él.
Soy obstinado, torpe. Cuando tenía doce años tú me llamaste derrochador. Es horrible, pero es demasiado tarde para que pueda cambiar. Ciertamente, sé que si te niegas a escucharme, mi vida será un desperdicio.
Dime, por favor, que puedo esperar. 

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ROBERT MARGERIT (FRANCIA. 1910-1988)

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Escritor, pintor y periodista francés nacido en Brive-la-Gaillarde. Cursó sus estudios secundarios en Limoges. Aunque empezó a estudiar para notario para complacer a su padre, se centró en la pintura por afición y en la literatura por vocación. Empezó a ejercer el periodismo en la misma ciudad de Limoges a partir de 1931, tanto en un periódico local como en Radio-Limoges. A partir de 1948 se convirtió en redactor jefe del diario Le Populaire du Centre, periódico que había desaparecido durante la ocupación nazi. Su cuatrilogía de novela histórica acerca de la Revolución Francesa (con L’Amour et le TempsLes Autels de la PeurUn Vent d’acier, los tres publicados en 1963, y finalmente Les Hommes perdus, de 1968), le valió el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa.  © Lecturalia

TEXTOS :

El tesoro de Morgan (fragmento)

“ Mas todos soñábamos. Con la mar haciendo desaparecer nuestras preocupaciones y la vida que llevábamos, que nos volvía tan feroces como ingenuos, nos quedaba tiempo suficiente para soñar indefinidamente.
Si dos años atrás, cuando Bill Burke, el contramaestre, me hizo salir de la cámara de Flint para que firmara el contrato de fletamento (que era la ley del navío), me hubieran descrito la clase de vida que me aguardaba, no lo habría creído.
Pero, a excepción de las sobrias palabras del capitán designando mis funciones, nadie se encargó de decirme en qué consistía la rutina del mar. Bill me instruyó sin orden ni concierto sobre los rudimentos del oficio. Brice Coquelle me enseñó sus normas esenciales y así aprendí a determinar la altura de una estrella con el cuadrante y a trazar el derrotero en la carta de marear. El resto, lo aprendí yo solo mirando cómo lo hacían los demás. Imitaba sus gestos para agarrar los brandales que forman las escalas de viento. Ellos las subían corriendo, como si fueran escaleras. Yo remedaba la crispación de los dedos de sus pies para aferrarme al marchapié, es decir, un cabo afirmado al palo horizontal en el que se enverga la vela por el grátil, y que pende a lo largo de las vergas a manera de festón. El día que los vi empuñar las hachas de abordaje para asaltar la cubierta de un barco al que dábamos caza desde por la mañana, también los imité. Me batí como ellos porque ellos se batían. Le cogí el gusto a la lucha. Cada vez que asestaba una estocada con mi acero reluciente, pensaba en la tía Cathy, en la gente que necesitaba saberme culpable y en el verdugo que tan a conciencia cumplía con su oficio. Después de ese primer combate, redacté el inventario del botín y calculé las partes que tocaban según las reglas estipuladas en el contrato de fletamento. Por lo general, esa era mi función como cronista de a bordo entre los caballeros de fortuna.
Lo que atañía a la lucha podía haberlo imaginado. Lo que sobrepasaba cualquier previsión era la monótona vacuidad de los días transcurridos en una rutina cuyos detalles se borraban en un perpetuo retorno; ese eterno vagar sobre una marca si inmutablemente serena, a ratos con alguna turbonada, que se iba tan de repente como venía, donde de pronto parecía que el viento y las olas habían decidido suprimir nuestro impertinente cascarón de nuez, o, las más de las veces, en medio de la calma chicha de los tórridos mares ecuatoriales, con el navío abandonado a su propia suerte, inmóvil sobre su reflejo como una casa en medio de un lago. Nuestra vida era un débil rescoldo entre las cenizas; se consumía sin pena ni gloria en la repetición de los mismos gestos, arrastrándose lentamente entre el zafiro del cielo y el esmeralda de las aguas. 

English: Garden of La Guierle, Brive la Gailla...English: Garden of La Guierle, Brive la Gaillarde, France Français : Jardin de la Guierle, Brive la Gaillarde, France (Photo credit: Wikipedia)

Autorail X 2104 à Brive-la-GaillardeAutorail X 2104 à Brive-la-Gaillarde (Photo credit: Wikipedia)

Pourrat Henri

HENRI POURRAT (FRANCIA. 1887-1959)

Escritor francés nacido en Ambert. Nunca abandonó su región natal, a excepción del año que pasó en París, donde cursó estudios en el Liceo Henri IV, y de algunos escasos y breves viajes. En 1905, ingresó en el Instituto Nacional de Agronomía pero, enfermo de tuberculosis, debió regresar al seno de su familia e imponerse una vida calma y ordenada, que llenó con el trabajo de escritura, los paseos por el campo y la lectura. En diciembre de 1921, obtuvo el premio Figaro por el primer volumen de Gaspard des Montagnes y diez años más tarde, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, por la totalidad de la obra en cuatro volúmenes. En 1941, recibió el premio Goncourt por Vent de Mars y dedicó los doce últimos años de su vida casi exclusivamente al monumental Trésor des Contes, al que otorgaba suma importancia. Su obra, notablemente vasta -alrededor de cien libros- es muy diversa, poemas de juventud, novelas, biografías, ensayos históricos, filosóficos o religiosos y cuentos. Auvergne fue para él el lugar privilegiado que le permitió descubrir y comprender la naturaleza y el espíritu de la tierra para, desde allí, alcanzar lo universal. Gracias a su inmensa correspondencia con personas de orígenes muy diversos, a las visitas que recibía y a sus lecturas, se mantuvo permanentemente abierto al mundo.

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Parentignat

Gaspard des montagnes (fragmento)

“ ¿Nunca ha llegado a sentir una mayor dicha en la vida? Quizás al pensar en ella con verdadero vigor.
Estos misioneros intrépidos, que llevan el consuelo a los enfermos y moribundos, sin el menor temor, se exponen cada día al arbitrio del azar. La energía gallarda transforma y consagra al sacerdote del templo. Algunos sacerdotes deshonran los hábitos que visten e incrédulos son sorprendidos como el trueno que ruge.
El sacerdote que escuchaba todo esto, clamó:
-Acércate joven y mira las marcas en mi dorso como signo y testimonio de la fe.
Tiró de la sotana del presbítero y atónito contempló dos o tres enormes cicatrices…
Gaspard había sido bautizado por uno de aquellos refractarios tan cerca de Grange. La ceremonia se había desarrollado entre gendarmes, sin mucho decoro.
El padre sólo había de sumergirlo bajo una pila de piedra, afuera, como una burla en el patio, esperaba el carro. Así transcurrió aquel dos de septiembre entre el olor a heno y a mercado. 

Les Montagnards (fragmento)

“ Sus hombres hablaban de él con verdadera adoración. Un día vi cómo uno de ellos lo besaba. Aquella tarde del mes de abril había sido espléndida, al ser designado como instructor, a pesar de sus airadas protestas:
-Mi compromiso es con la lucha. Quiero luchar. Quiero combatir al lado de mis camaradas.
Seis semanas después, murió esbozando en sus labios una ignota sonrisa…Hubo reflexiones en aquellos pueblos montañeses de donde todos los hombres se habían ido y en donde las mujeres permanecían en duelo, sin floridos páramos o hermosas nubes. Hablo de los días de Verdún, nunca vistos. La memoria nunca abandonó la férrea conciencia que predispone a la muerte.
De antemano, el sacrificio había de ser realizado y el corazón sería circuncidado por funestos pensamientos acerca de la futilidad de la vida, de la certeza de una muerte segura, aunque morir antes o después no significaba nada.
Lo importante no era morir, sino morir con dignidad, sin lamentarse. Podría morir de enfermedad o ser atravesado por una bala. Así se expresaba el coronel Eilin.
-Te prohíbo llorar. Las lágrimas no deben asomar a tus ojos cuando escuches el murmullo de la muerte.
Sin embargo estas frases no mienten. El tiempo no es nada. ¿Qué podría haber mejor que vivir y servir con rectitud?
Aún, Pierre, no estás en la capilla azul. Los héroes de antaño tuvieron gestos propios de un gran corazón. Muere estando en pie. Esa será una breve y perfecta exaltación. Como la ramita del abeto, estos años de la guerra huirán de nuestra nación, hijo mío. 

English: L'Occitane en Provence store, Brive l...English: L’Occitane en Provence store, Brive la Gaillarde, France Français : Boutique L’Occitane en Provence, Brive la Gaillarde, France (Photo credit: Wikipedia)

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Mission San Luis Rey. (Interior of Court.), from Robert N. Dennis collection of stereoscopic views (Photo credit: Wikipedia)

Mission San Luis Rey. (Interior of Court.), from Robert N. Dennis collection of stereoscopic views (Photo credit: Wikipedia)

Mission San Luis Rey de Francia, Established J...
Mission San Luis Rey de Francia, Established June 13, 1798, from Robert N. Dennis collection of stereoscopic views (Photo credit: Wikipedia)

Mission San Luis Rey de Francia, Established June 13, 1798, from Robert N. Dennis collection of stereoscopic views (Photo credit: Wikipedia)

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Miguel Delibes.Biografía Literaria

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ABUELOS DE DELIBES

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Si el elemento capital de la literatura urdida por Delibes deviene en la silueta del ser humano que encuadra sus contradicciones con el progreso y con la finitud de la existencia, hemos de subrayar a modo de epígrafe los versos que Jorge Guillén le dedicó, pues en ellos queda acotado ese perfil del escritor vallisoletano, de recia complexión ética:

Admiremos al hombre auténtico de veras,                     Que sabe organizar su vivir y sus libros,                     Muy al tanto de todo, sin inclinarse a nada,                     Porque son tan ajenas          Al manantial continuo de gran inspiración;           Auténtico vivir cuajado en escritura           Límpida, magistral, y así tan convincente,                     Un arte narrativo que recrea                     Campo y Ciudad, sus luces y sus ideas,                     Profundos los paisajes minuciosos,                     Vegetaciones, hombres, animales,                     En medio el cazador.

(Jorge Guillén; cit. por Manuel Alvar,             El mundo novelesco de Miguel Delibes,          Madrid, Editorial Gredos, 1987, p. 114).

Fotografía en color de Miguel Delibes con boina, apoyado en una paredMiguel Delibes.

Al hilo de todo ello, es obvio         que para esclarecer las relaciones de este cazador con las letras   conviene         interpolar detalles de orden biográfico.

Siguiendo a   cierra ojos el currículo, copiamos      la fecha de su nacimiento —17 de octubre de 1920— y ésta nos sirve   para      discutir, sin extendernos en exceso, el marco generacional que más   le conviene. A caballo      entre la generación de 1936 y la de 1950, dice Edgar Pauk que   «Miguel Delibes equidista      de [Camilo José] Cela y [Juan] Goytisolo, y participa de algunas           características de ambos, pero se mantiene independiente de los   grupos           que ambos representan, de tal modo que no es reconocido ni por   el uno ni           por el otro»              (Miguel Delibes. Desarrollo de un escritor, Madrid,               Editorial Gredos, 1975, p. 16). Como nunca escaparemos de la   contradictoria               variedad que son los corrillos y grupos literarios, más vale   etiquetar               por libre al novelista castellano. Afín a la teoría   individualista,               éste rehúye la significación colectiva y exige un trato   personal,               restringido, pues ni siquiera en la vida cotidiana gusta de   las camarillas.

«La hurañía —explica el   narrador—           es algo que me ha caracterizado desde niño. Pero me parece que   debo hacer           una distinción: sí me gusta reunirme con la gente y conversar.   Lo que           no me gusta es conversar con la gente a codazos. A mí me agradan   los espacios           abiertos, me gusta la naturaleza, y también me alegra conversar   con mis           semejantes uno a uno, dos a dos, o tres a tres, pero no más»   («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», entrevista por   Joaquín Soler           Serrano, Escritores a fondo. Entrevistas con las grandes   figuras literarias           de nuestro tiempo, Barcelona, Editorial Planeta, 1986, p. 17). Así,           pues, conviene precisar los argumentos sin caer en los planos   generales,           o peor, en los tópicos de grupo. Y si hablamos de estirpe en el   terreno           artístico, habrá que someterla a la línea familiar. De hecho, el   abuelo           paterno, Frédéric Delibes Roux, posee un rasgo muy significativo   al respecto.           «Mi abuelo —dice Delibes— había sido un hombre muy raro, también             huraño y retraído como yo, quizá más huraño y retraído que yo. Y   no sabemos           muchas cosas de él. La única, que era sobrino del compositor Léo   Delibes,           y a veces yo me pregunto si esta herencia, o querencia literaria   y artística           que he recibido, provendrá de este tío-abuelo francés, porque   realmente           en mi ascendencia española no encuentro antecedente» («Miguel   Delibes.           Un castellano de tierra adentro», op. cit., p. 18). Según   consta en los           registros, monsieur Frédéric casó con Saturnina Cortés, y   el matrimonio           acabó afincándose en Valladolid. El hijo de ambos, Adolfo,   contrajo a           su vez matrimonio con María Setién, y fruto de ese enlace   nacieron ocho           hijos, el tercero de los cuales fue don Miguel.

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Analizado   en los               elementos que lo componen, hay en el        itinerario vital del escritor un curioso cruce de casualidades que lo        conducen al quehacer literario. Tras cursar estudios en el colegio de        La Salle y sufrir en su ánimo               juvenil los estragos        de la Guerra Civil, el joven Delibes toma los manuales de Derecho y Comercio        con el propósito de labrarse   un futuro               gracias        a tales conocimientos. Por un cauce inesperado, ingresa en 1941 como        caricaturista en El Norte de Castilla, pero, como               él        mismo repetirá más adelante, la mano del destino es   imprevisible,        y su afición a las letras cobra impulso en el citado   periódico: «En        la vida había escrito más que dos docenas de cartas.          Entonces tuve que soltar la pluma para redactar los sucesos, las necrológicas…         lo que se hacía en un periódico de provincias. Pero al         propio tiempo, y aunque parezca complicado de entender, el estudio del libro               de don Joaquín Garrigues, Curso de Derecho Mercantil, me puso               en contacto con la literatura». Acá surge la pregunta: ¿Un   manual               destinado a los opositores puede excitar el gusto por la   narrativa?               El propio escritor aporta una contestación: «No es algo tan   difícil               de comprender si pensamos que don Joaquín Garrigues, el   mercantilista,               era un orteguiano: un hombre que se había criado a los   pechos de Ortega,               lo había admirado mucho y su estilo tenía mucho de   orteguiano. Era               éste un estilo preciso, brillante, que de repente, aun   tratando de               materias tan áridas, se iluminaba con una metáfora   rutilante». Una               forma de escribir como ésta, sobre ello no hay duda,   encandila al               joven estudiante: «Ya no me bastaba una forma cualquiera:   buscaba               una apropiada, que además fuese lo más precisa y brillante   posible.               De manera que, entre don Joaquín Garrigues, El Norte de   Castilla y mi mujer [Ángeles de Castro], quien era muy aficionada a   los libros,               lograron que naciese mi afición a la literatura» (Entrevista   registrada               en vídeo, Serie Autores españoles contemporáneos, Centro de               las Letras Españolas, Ministerio de Cultura, 1987).

Fotografía en blanco y negro de Miguel Delibes detrás de una mujer sentada en un columpioCon su esposa Ángeles.

En 1946 se casa               con Ángeles, y animado en todo momento por ella, hilvana su   primera               entrega novelesca, La sombra del ciprés es alargada, con la               cual ganará el premio Nadal e iniciará su trayecto   profesional en               este campo, gracias asimismo al decidido apoyo del editor   Vergés.               Al tiempo, gana las oposiciones para las cuales había estado   preparándose,               y para mayor tranquilidad de los suyos, consigue plaza como   catedrático               de Derecho Mercantil en la vallisoletana Escuela de   Comercio. En paralelo,               sube en el escalafón periodístico, y de redactor pasa a   ocupar el               puesto de subdirector de El Norte de Castilla. Eso   ocurre en               1952. Seis años después, ya es director. Ni que decir tiene   que su               labor, aunque fructuosa, es complicada, sobre todo a la hora   de sortear               los interdictos de la censura. Su posición a favor de los   sectores               sociales más desfavorecidos no le facilita las cosas.

Aparte de acoger a   jóvenes colaboradores           como César Alonso de los Ríos, José Jiménez Lozano, Francisco   Umbral o           Manu Leguineche, Delibes caracteriza a la cabecera vallisoletana   con un           toque de rebeldía. Una muestra de ello es la página que lleva   por título Castilla en escombros, a través de la cual se denuncia la   mala           situación de los campesinos castellanos. No obstante, y a pesar   de tales           esfuerzos, llega un momento en que el director se ve obligado a   dimitir.           Corre el año 1963. «Hay que recordar —escribe el propio César   Alonso           de los Ríos— que a la promulgación de la Ley de Prensa de 1966,   le           precedió una limpieza del mercado. […] Entre estas víctimas   anteriores           a la ley de apertura está el propio Delibes, como director de El   Norte           de Castilla. Fueron tiempos dolorosos para Delibes, no ya   por razones           económicas o de prestigio profesional. Ello significaba un parón   en la           línea de El Norte de Castilla y enfrentamientos con   algunos de           los consejeros de la empresa, personas con las que mantenía   estrechas           relaciones personales. A Delibes le irritaba especialmente esta   situación           en la que la censura debía ser asumida por el propio director»   («Delibes:           periodismo y testimonio», en Miguel Delibes. Premio Letras   Españolas           1991, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del   Libro y           Bibliotecas, Centro de las Letras Españolas, 1993, p. 109).

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Forzosamente alejado de la   vanguardia      periodística, su trayectoria como novelista le permite difundir su   filosofía vital por      otros medios. No en vano, es ya un autor reconocido gracias a   títulos como El camino (1950), Mi idolatrado hijo Sisí (1953), Diario de un   cazador (1955) y La      hoja roja (1959). Con esa trayectoria a sus espaldas, se propone   denunciar en Las      ratas (1962) la penosa situación en que viven muchos de sus   paisanos. El punto de      tangencia entre ese escrito y la literatura social es, a ojos de   cierta crítica, algo      evidente. Sin embargo, la obra toma otros caminos que, dentro de la   literatura hispánica      de estas fechas, resultan francamente originales. A saber: el   registro etnográfico      —plasmado, por ejemplo, en el vislumbre del habla popular—, la   descripción casi      científica de la naturaleza, la defensa de la integridad del medio y   del hombre que lo      habita, y por añadidura, una reflexión moral nada complaciente   acerca de la pobre suerte      que les está reservada a los humillados. Bien puede repetirse que   dos temarios añaden      profundidad a la contemplación realista: las inquietudes de la   niñez, muy al unísono      con lo expuesto en otras de sus obras, y un sondeo fecundo,   vigoroso, de materias como la      muerte, el afán de dominio y la violencia.

Por otro lado, tras   diversos viajes por Europa e      Iberoamérica y una estancia como profesor visitante en la   Universidad de Maryland, el      escritor publica varios libros de viajes, muy celebrados por el   público lector. «Uno,      claro es —escribe Delibes—, dispone también de su personal           procedimiento de pasear por el mundo. Ignora si bueno o malo,   pero es,           sin objeción posible, el que mejor se acomoda a su manera de   ser. Uno,           por principio, trata siempre de eludir en sus paseos un plan           preconcebido. Los paseos sistematizados, a juicio del que               suscribe, suelen esterilizarse entre las mallas asfixiantes   del programa» (Por esos mundos. Sudamérica con escala en las Canarias, Barcelona,               Ediciones Destino, col. Áncora y Delfín, n.º 203, 1961, p.   7). Curiosamente,               aunque emprende el reflejo narrativo de esos itinerarios, el   escritor               prefiere limitar la escenografía de sus novelas a los   límites de los               pueblos y las pequeñas ciudades. Por lo que a esa contextura   literaria               se refiere, «la vida en una gran ciudad —dice— no me es               tan familiar como la vida en una pequeña ciudad. Por otro   lado, pienso               que en una pequeña ciudad, lo que el novelista tiene es un   laboratorio               mucho más eficaz que en una gran ciudad, para separar a las   personas,               y estudiarlas más a fondo de lo que se pueden estudiar en   Madrid.               Para calar un poco en la humanidad de mis personajes, que   para mí               es esencial» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra   adentro», op. cit., p. 23).

Fotografía en blanco y negro de un hombre con boina y un joven detrás.Fotograma de Los santos inocentes, Mario Camus, 1983, Juan Sánchez y Alfredo Landa.

Un sustancioso   capítulo de la literatura           de Miguel Delibes lo componen aquellas obras cuya trama enmarca   una profunda           caracterización de los rasgos que prevalecen en la España de la   primera           mitad del siglo xx. Por esta vía, un vivo   sentido           del drama hispánico es la fuerza vinculatoria que une, más allá   de sus           particularidades y aun sin mezclar sus temas, entregas como Cinco   horas           con Mario (1966), Las guerras de nuestros antepasados (1975), El disputado voto del señor Cayo (1978) y Los santos   inocentes (1981).

Sin un propósito partidista, el narrador diagnostica en ellas           varias patologías de triste recuento: la persistente memoria de   la guerra,           la estructura oligárquica de la vida campesina, el torpe avance   del progreso,           la pérdida de una genuina sabiduría popular, el abandono de la   tierra,           y por supuesto, los daños causados a la naturaleza. No en vano,   Delibes           proclama su gusto por un antiquísimo deporte, la caza, a través   del cual           se ha ido formando un claro concepto de la fragilidad que   caracteriza nuestro entorno. A modo de digresión, no está de más   repetir que este cazador que escribe mide sus pasiones con la escopeta al   hombro,           y en ello descubre gozos, inquietudes e incluso finezas del   espíritu.           Ante una actividad que goza de tan altísimo aprecio para él, no   duda en           señalar que «el hombre-cazador o el hombre-pescador, que tanto   monta,           sale al campo, no sólo a darse un baño de primitivismo, sino   también a           competir, a comprobar si sus reflejos, sus músculos y sus   nervios están           a punto, y para ello, nada como cotejarlos con los reflejos, los   músculos           y los nervios de animales tan difidentes y escurridizos como   pueden serlo           una trucha o una perdiz silvestres» (He dicho, Barcelona,   Destino, 1996, pp. 40-41).

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RETRATO

Elegido miembro               de la Real Academia el 1 de febrero de 1973, lee su discurso   de ingreso               el 25 de mayo de 1975. El significativo título de esa   alocución es El sentido del progreso desde mi obra. Dicha   inquietud no es               nueva en Delibes. «Así, en 1972 —refiere Fernando Parra—,               anticipándose al famoso hito de la Conferencia de Estocolmo   sobre               el Medio Ambiente Humano […] publicó La caza en España en                 la que advertía sobre los peligros del deterioro ecológico   en nuestro               país, tanto en relación a la desaparición de hábitats y   ecosistemas               valiosos […] como a la extinción de especies, como el   urogallo,               o los peligros para la fauna —cinegética y no tanto— de               los cambios de la agricultura con la creciente mecanización,    aumento del regadío, abonos, etc.» («Delibes al aire libre: Un   ecologista               de primera hora», en Miguel Delibes. Premio Letras   Españolas 1991, op. cit., p. 88).

Aun sin paliar el dolor que le causa la desaparición de su esposa Ángeles, el público y la crítica salen al encuentro de Delibes, festejan sus virtudes literarias, y lo que es más importante, premian la sostenida coherencia de su ideario personal: humanista, libre de pensamiento y ejemplo de virtudes ciudadanas, gracias sin duda a cierta fermentación del mejor liberalismo. «Para mí —escribe César Alonso de los Ríos— Delibes ha sido trascendental. Y no sólo porque me orientó hacia el periodismo, sino porque me enseñó el difícil ejercicio de dudar y de saber reconocer las razones del otro. Un liberalismo radical que nada tiene que ver con el dogmatismo del liberalismo económico y político. Aprendí en él, antes que en Gramsci, que hay que ser pesimistas de inteligencia y optimistas de voluntad. Delibes ha sido para mí una referencia ética» («Miguel Delibes», Premios Cervantes. Una literatura en dos   continentes, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del Libro y   Bibliotecas, 1994, p. 338).

Fotografía en blanco y negro de Miguel Delibes con un ave en las manos.Miguel Delibes.

Dentro   de estas consideraciones, el elogio      generalizado se aprecia bien a la hora de llegar a manos de Delibes   los galardones de      mayor enjundia: el Príncipe de Asturias (1982), el Premio de las   Letras Españolas (1991)      y el Cervantes (1993). Menudean los tratados y monografías en torno a   su obra, los      cineastas codician los derechos de adaptación de sus novelas y las   ventas de todas ellas      exigen nuevas reimpresiones. No extraña, por todo ello, que la   última entrega novelesca      del escritor, El hereje (1998), sobrepase las perspectivas de   sus           editores. De hecho, esta magnífica expresión del conflicto             religioso del siglo               XVI, meditada profundamente, rica en             ingredientes morales y plasmada con una riqueza de estilo que   reúne lo             mejor del temperamento del autor, daba a entender que los   límites de su             obra completa aún no se habían cerrado y admitían una gozosa   dilatación.

En el principio de esta   página aludíamos, con      Jorge Guillén, al manantial continuo de gran inspiración que   caracteriza la      literatura de nuestro escritor. Aunque quizá resulte siempre   arbitrario el ejercicio de      rastrear las fuentes de una inspiración semejante, vamos a cerrar   este inventario      biográfico aludiendo a los literatos que han ido moldeando la   personalidad literaria de      Miguel Delibes. Como él mismo dice, en todo escritor influyen   aquellos autores que      anteriormente leyó. Sus primeras lecturas, como era imaginable en un   niño de la época,      llevan la firma nada trivial de los cuentistas nórdicos, con   Perrault y el admirable      Andersen a la cabeza. Luego, «viene una desconexión con estos   autores infantiles, y paso      a una época en que me empezaron a gustar los novelistas de   horizontes abiertos, como eran      Oliver Curwood y Zane Grey». O dicho de otro modo, peripecias en la   frontera americana,      lances de cazadores y tramperos, hazañas de buscadores de oro y   otros viajes al fondo de      lo desconocido que también formula, singularmente en su ciclo   canadiense, el prolífico      Emilio Salgari, «el novelista del puro disparate aventurero, pero   que también llenó una      época de mi vida».

No deja de ser   significativa esa           insistencia en invenciones relacionadas con la naturaleza   salvaje y sus           asperezas. «Esto es lo que estimo que hay de particular en mí   —confirma—:           esa atracción por el novelista de aire libre por encima del   novelista           de imaginación. Luego, aunque tardía, llega la lectura de   grandes maestros.           Ya no sé ni en que orden se efectuaron estas lecturas. Sí puedo   decir           que me ha gustado mucho Julien Green, el americano afrancesado.   También           me siguen interesando mucho Proust, Dostoyevski, Chejov,   Virginia Woolf           —a pesar de su complejidad expositiva— y otros autores   americanos           e italianos. He leído prácticamente de todo, sin olvidar los   clásicos           españoles» (Entrevista registrada en vídeo, op. cit.). Y   el resultado de           esa fruición, a la vista está, rige en toda su obra. Por razones   obvias,           este perfil de lector es necesariamente parcial, pero incita a   un sondeo           más hondo. Con todo, los detalles que hemos apuntado bastan para   sugerir           una inteligencia literaria bien sólida y ordenada, cuyas leyes   corresponden           a ese vínculo que Borges atribuyó a Tolstoi: el conocimiento del   hombre           conjugado con la perfección literaria.

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